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VOY A TIRAR LA BASURA

Hace unos dias desayuné con varias amigas, de distintas edades. En la conversación, salió el tema del reparto de tareas domésticas y la injusticia que sufrimo s. No existe igualdad en nuestra generación.  Parece que la de nuestros hijos se aproxima más, pero no del todo. Nos quejábamos de las dificultades de criar a los hijos, de trabajar fuera de casa y de llevar el peso de las tareas domésticas. Todas coincidimos que a los hombres se le da muy bien sacar la basura. Parece que con esta tarea tuvieran cubierto el cupo de tareas compartidas. ¡ Señoras, amigas, hijas, nietas, alcen la voz y conciencien a las parejas, que las tareas domésticas son de todos y para todos! En esta sociedad donde reivindicamos tanta igualdad, en temas domésticos, aun está a años luz de conseguirse.  Reflexionemos sobre el tema y comencemos nosotras a sacar la basura, quizá así se den cuenta que compartir tareas es otra cosa. Nati Cabezas

LOA A LA ANORMALIDAD POR J.M.C

 



PARRAFO DE A TRAVÉS DE LA PERSIA SAFAVIDA.

No obstante, al tomar asiento, pareció olvidársele, cuando el hombre de barba negra con el rostro cubierto por un velo del mismo color, tomó la palabra susurrándoles el nombre de Siyah Qalam, un diablo proveniente de Turquía.  Aquella afirmación no les extrañó, al tratarse de la palabra de un loco, a pesar de conocer la existencia de ese mito en la cultura turca, y saber que los mitos son al recuerdo de los pueblos, como las intuiciones a las personas, o sea imágenes de un tiempo perdido ya no vinculadas a ningún espacio temporal. Luego el tal Qalam, se dirigió a Kafkuh, el hombre de la calavera de cordero, a quien presentó como el demonio y señor de aquella  cueva, donde había sido desterrado por no obedecer a ninguna religión de la Persia; para finalmente, sin hacer mención a la señora,  presentarle a  Iblis, el joven de aspecto andrógino con rostro de ángel.

Al terminar las presentaciones, Kafkuh se dirigió a Ramin Arzam como a un  filósofo, como a un hombre del pensamiento, y como tal, le dijo, propenso a vivir a través de la mente antes que con el cuerpo, y  por dicha razón quiero  ofrecerle la oportunidad de vivir en ese mundo, y de convertirlo en un ser armónico,  porque, le dijo, el niño es quien desea ser y el adulto quiere ser lo que desea ser, pero no puede. Usted como filósofo debe saber el porqué, aunque se lo voy a repetir: en el niño, el cuerpo y la mente coinciden en un mismo plano, mientras que en el adulto la mente ya desarrollada se sitúa  en un plano diferente, donde el cuerpo no puede satisfacer sus deseos, provocándole una desarmonía permanente. También sabrá que el niño debe evolucionar para convertirse en hombre, y que este debe evolucionar hasta armonizar cuerpo y mente, por eso dicen que el hombre debe volver a ser niño, pero no es cierto, debe volver al dios que es, porque lo “real solo puede expresarse a través de lo universal”*, que es la máxima expresión de nuestra mente; o lo que es lo mismo, en  un santo donde la acción y el pensamiento coinciden, donde  el cuerpo y la mente se hacen uno solo e instantáneos el tiempo creado por la desarmonía desaparece. 

 

 

*Expresión  fulcral del pensamiento de Hegel, quien concibe la experiencia humana con el acercamiento al todo a través de la razón. Un todo que ya se encuentra en nosotros al formar parte de él. Algo así como un círculo al que equiparamos con el todo, cuyas partes solo tienen conciencia de sí mismas hasta desarrollarse y adquirir la conciencia real, la cual equivaldría al círculo completo, versus, lo universal.

Sin embargo, la razón no puede alcanzar el todo, solo puede concebirlo y expresarlo en el sentir como falta de algo, que es la única certeza en el estado mental  “normal” donde nos encontramos. Solo trascendiéndolo, sobrepasándolo, situándonos en otro plano, podemos acceder a él. En dicho estado todo es claridad, gozo, plenitud, donde no existe antes ni después, porque el mirar y lo mirado coinciden en un mismo espacio temporal que no da lugar a la memoria y por lo tanto ni al pensamiento ni al tiempo que le es consustancial, como diferencia de potencial entre lo que es y lo que quiero ser como meta. Dicho estado solo puede ser recordado cuando vuelves a la “normalidad”, que para mí es un estado incompleto, algo así como la enfermedad de nuestra mente. 

 

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